No es nueva la calumnia, la difamación y la persecusión que ordena el presidente contra algunos de sus críticos.

En realidad, López Obrador empezó mucho antes del 1 de julio el acoso y persecusión en contra de periodistas incómodos para su retórica mentirosa.

Y de ello puede dar cuenta el autor de “Al Tiempo” y muchos lectores.

¿Por qué?

Porque el 10 de mayo de 2018 la jauría facistas que aplaudía al entonces candidato presidencial montó la mayor persecusión en redes –contra un periodista–, que se recuerde en la historia de México.

Como recuerdan, un lacayo de AMLO inventó que en nuestras redes habíamos “amenazado de muerte” al candidato presidencial. Y fueron tales la difamación y la calumnia que provocaron el mayor ataque pagado, en redes, por un partido y un candidato, contra un periodista; contra Ricardo Alemán.

Luego vino la intimidación directa contra dueños de todos los medios en donde ejercíamos nuestro trabajo periodístico. Al final cerraron casi todos los medios a nuestra opinión. ¡Aún así, no lograron callarnos!

Por eso fuimos pioneros en los contrapesos periodísticos frente al nuevo gobierno. Desde entonces creamos el diario digital www.contrapesociudadano.com precisamente un espacio de información y opinión libre que contribuye a contrapesar el poder de un solo hombre.

Meses después, ya con AMLO presidente, empezó el cobro de facturas. Articulistas, columnistas e intelectuales críticos a AMLO empezaron a ser presionados y echados de distintos medios. ¡Tampoco callaron a todos!

Pero a los cien días de iniciado el gobierno de un solo hombre y cuando es evidente el fracaso, algunas voces críticas parecen despertar.

Sin embargo, frente al escenario nada grato para un gobierno que asoma como fallido, apareció la purga estalinista. Se confirmó que el de AMLO no es un gobierno de izquierda, sino un gobierno fascista.

Así, el Goebbels mexicano, Epigmenio Ibarra, ordenó mediante sus redes una purga de articulistas, conductores y columnistas, con el sambenito de que “el gobierno de Peña Nieto les regaló millones”.

De inmediato, el vocero presidencial –que sólo obecede–, ofreció una charla ante jóvenes a quienes dijo que con Peña Nieto existía una larga lista de periodistas que recibieron millones de pesos.

Con la cobardía propia del nuevo gobierno, el vocero no dijo nombres, tampoco montos y nunca aclaró cuanto dinero se dio a cada medio, vía publicidad y patrocinio. Sólo difamó y calumnio.

Y es que, en efecto, manos al servicio de AMLO inventaron un listado de periodistas y montos imaginarios de dinero, para difamar y calumniar.

Pero esa era sólo una primera advertencia.

Y es que apenas el pasado viernes –y luego que Reforma se convirtió en uno de los mayores críticos de AMLO,–, las páginas del diario revelaron que el SAT inició una persecución fiscal contra los propietarios del rotativo.

El escándalo motivó que el presidente Obrador respondiera con una joya de la intolerancia y la represión dictatorial que emplea contra los medios.

Dijo que su enemistad con Reforma se debía a que la línea editorial del diario lo criticaba y, por eso, deslizó supuestas omisiones periodísticas.

Es decir: “¡O se alinean o se chingan!”

En respuesta, Reforma difundió un video en el que desmiente categórico los señalamientos de Obrador.

El escándalo real, sin embargo,  fue el silencio de la mayoría de medios y periodistas, frente al manotazo autoritario de Obrador contra Reforma.

Y si bien no resultó extraño el silencio periodístico y mediático cuando Ricardo Alemán fue linchado –en mayo de 2018–, hoy es vergonzoso el silencio de periodistas y medios frente al ataque del gobierno de AMLO contra Reforma, institución periodística del último cuarto de siglo.

Es decir, el gobierno sataniza a un medio como Reforma y –en respuesta–, buena parte de la prensa, radio, televisión y digitales guardan silencio.

No entienden esos carniceros que desguazan a Reforma –medios y periodistas cómplices del golpe del presidente a Reforma–, es que ellos pronto estarán en el desguazadero.

¿Por qué?

Porque si hoy juegan alegres el papel de comparsas del régimen, mañana serán arrastrados –junto con sus grandes negocios–, por la crisis política, económica y social que viene.

Y es que el problema de fondo es la incompetencia del gobierno de Obrador, que lleva al país a la quiebra. ¿Lo dudan?

Se los dije.