Desde el día que nacemos comenzamos a absorber influencias del entorno. Nuestra madre, padre o tutor comienzan a influir en nuestra vida con sus gustos, opiniones, mañas y tradiciones. Mientras crecemos, vamos escuchando, viendo y comparando los diferentes ambientes o puntos de vista con las demás personas, pero siempre tenemos dentro la influencia de casa. Ya sea positiva o negativa.

La teoría del aprendizaje social mantiene la creencia de que la agresividad es aprendida por imitación, observación y práctica. Los padres son los que tienen el mayor poder para influenciar a sus hijos. Los niños los observan todo el tiempo y los tratan de imitar, pues ellos representan su ejemplo a seguir.

Todos los seres humanos somos agresivos por naturaleza, por instinto; hay que tenerlo presente para poder manejarlo inteligentemente. Es una labor permanente el mantenernos serenos ante todo lo que la vida nos va mostrando día con día.

Estamos expuestos a la violencia y agresividad, por el ejemplo en el hogar, mediante películas, juegos de video, amistades o redes sociales. La agresión puede tornarse peligrosa hacia los demás si no se sabe dirigir. Por ejemplo: si a un chico le gusta golpear y se desahoga de esa manera, lo recomendable sería meterlo a clases de defensa personal, así sus instintos serían encausados hacia algo positivo para ayudarse y ayudar a los demás. Si a una mujer le gusta gritar de manera agresiva, podría meterse a clases de canto para poder sacar su energía. Si el padre, con la complicidad de la madre, es ladrón de combustible y agrede a los soldados que le dicen que no robe, el hijo al ver esto, lo imitará.

La raíz de la conducta negativa, en la mayoría de los casos, es por la influencia cercana. Recordemos que esos chicos serán padres y ejemplo para alguien.

Ahora bien, no todos los hijos copian o imitan los malos actos de sus padres. Son pocos los que analizan, observan, comparan y generan un criterio amplio para diferenciar lo positivo de lo negativo y sus consecuencias. Estas personas, a pesar de tener el instinto agresivo, deciden ir por un sendero de prudencia, creatividad, inteligencia y ayuda a los demás.

En México estamos viviendo un momento muy difícil, pues la figura más importante del país, el representante, es un hombre agresivo y delincuente quien no solo es mal ejemplo, sino que aviva el instinto de la agresividad en los ciudadanos. El resultado ha sido nefasto y el futuro se llena de neblina para el resto de la población.

Todos somos hijos de la patria. Seamos el hijo que observa, analiza, compara, alerta; el hijo que se separa del rijoso, del delincuente, del mentiroso; el que repudia la maldad. Seamos los hijos fuertes, los inteligentes, los valientes; los que atendemos las buenas causas, los creativos, los gentiles.

Seamos el ejemplo a seguir.