Murió Amos Oz, el gran escritor israelita reconocido en todo el mundo,  y sus libros traducidos en decenas de idiomas. Amos Oz fue reconocido a través de muchos premios literarios en diversos países, y aunque nunca recibió el Premio Nobel, se consideraba que era uno, de entre los pocos literatos, que lo merecía plenamente.  Sin embargo, junto a sus extraordinarias novelas, ensayos, poemas, Amos Oz era reconocido como un formidable luchador por la paz.

Y es que muy pocos individuos, y uno de ellos era Amos Oz, se atrevía a proponer un acuerdo entre los palestinos y los israelitas, para dar solución pacífica a un conflicto que tiene varios siglos de existencia.

– ¿Un acuerdo entre palestinos e israelitas? ¡Imposible, y hasta impensable, dicen los fanáticos! (se dan cuenta apreciados lectores, que para los fanáticos hay cosas en las que está prohibido…hasta pensar)

Y es que la insistencia de Amos Oz, parecía, ciertamente, una quimera. Y así, lo pensaban, lo creían (lo creen) la gran mayoría de sus coterráneos, fuesen estos palestinos, jordanos, sirios, israelitas, judíos, árabes, cristianos, católicos, ortodoxos, musulmanes, ateos… y es que, de todas estas religiones, nacionalidades, culturas, orígenes, pensamientos, son las personas que habitan, viven en esa pequeña franja, de apenas unos pocos miles de kilómetros cuadrados, situada en esa parte del mundo llamada el medio oriente.

Pero Amos Oz pensaba diferente a la mayoría, y genuinamente pensaba que el acuerdo no solo se podía pensar, que se podía soñar, y que incluso se podría llevar a cabo. Pero para ello habría que vencer a un poderoso obstáculo que es el fanatismo, y por ello mismo, a combatir a este flagelo de la humanidad dedicó gran parte de sus trabajos literarios, de sus esfuerzos pacifistas y de su vida.

Vencer a los fanáticos, lo sean de la religión, de la raza, de la nacionalidad o de la política, no es tarea fácil; por el contrario, es tan difícil y compleja que requiere de la mayor inteligencia y sensibilidad políticas. De esta manera lo trasmitió en sus discursos y escritos.

Amos Oz, en razón de sus pretensiones pactistas y pacifistas, fue injuriado por muchos de sus conciudadanos y por algunos de los líderes políticos de su patria, Israel. Los fanáticos de uno y otro lado, trataron de dañarlo con la más terrible de las acusaciones: la de ser un traidor a la causa de su patria. Pero ni eso pudo detenerlo en su marcha para enfrentar y combatir a los intolerantes y a los fanáticos, pues sabía, correctamente, que esa era precisamente la mejor manera de serle útil a su país, a sus conciudadanos, a la causa de los palestinos y a la paz.

Permítanme citar a Amos Oz en algunas frases que dan cuenta de su lucidez y de su condición de hombre de la razón.

“Traidor es quien cambia a ojos de aquellos que no pueden cambiar y no cambiará; aquellos que odian cambiar y no pueden concebir el cambio, a pesar de que siempre quieran cambiarle a uno. En otras palabras, traidor, a ojos del fanático, es cualquiera que cambia. Y es dura la elección entre convertirse en un fanático o convertirse en un traidor. No convertirse en un fanático significa ser, hasta cierto punto y de alguna forma, un traidor a ojos del fanático. Yo he hecho mi elección…”

Amos Oz hizo su elección congruente con su condición de humanista y de un demócrata consecuente. Ahora, tenemos que hacer nuestra elección, precisamente en el tiempo en que México se encuentra en el riesgo de que el fanatismo y la intolerancia gobiernen la vida del País.

Jesús Ortega Martínez.