A cien días del gobierno más votado de la historia mexicana no sólo obliga preguntar sino explicar la grave contradicción entre las promesas y la terca realidad.

Preguntar, por ejemplo, ¿Por qué, el “es-pejismo” de López Obrador convenció a 30 millones de mexicanos el pasado 1 de julio?

¿Por qué a cien días del nuevo gobierno, muchos más que 30 millones –casi 80 por ciento de los encuestados–, respaldan al gobierno de Obrador?

¿Por qué –a pesar de engaños y mentiras; tropiezos y torpezas, además de raterías impensables–, son más los mexicanos que apoyan a un gobierno con más violencia, más corrupción, más gasolinazos, más mentiras, más contradicciones y que, en los hechos, odia a las mujeres?

La respuesta a la real o aparente contradicción parece estar en esa vieja tara de la sociedad mexicana –deformación social– que nos lleva a seguir esperando la llegada “del salvador”, “del mesías” y “el Tlatoani”, que esperamos desde los tiempos precolombinos.

Y es que en el nuevo siglo, López Obrador y Morena se convirtieron en “la nueva esperanza”, luego de gobiernos decepcionantes del siglo pasado como los de Cárdenas, Echeverría, López Portillo y Salinas; luego del milagro de Fox y del EZLN; del espejismo del fin del PRI.

Lo cierto es que el “es-pejismo” de AMLO sigue un camino idéntico a todos esos fracasos, la decepción cíclicas de la esperanza traicionada. La diferencia es que hoy esa decepción llegó apenas a cien días.

¿Y por qué la terca realidad aplasta al “es-pejsmo” de AMLO?

Porque el de Obrador es hoy un gobierno peor a todos aquellos a los que denunció y de los que renegó.

El de Obrador es un gobierno tan corrupto como las más de cien mentiras que lo persiguen; es tan ineficaz como los más de 50 escándalos en su corta gestión; y tan poco serio como la negativa a investigar a la CNTE, tan parcial como su negativa a reconocer que es el gobierno más violento de la historia –entre 7 y 8 mil muertos en 100 días; tan machista que no acepta que es enemigo de las mujeres.

El de Obrador es el campeón de los feminicidios, de los gasolinazos, de los secuestros, de la violencia en las grandes capitales, de la impunidad de la CNTE, de los abucheos a gobernadores opositores…

Hoy un “es-pejismo” derrota a la realidad.

¿Hasta cuándo la sociedad abrirá los ojos?