Cuando aún no se han cumplido dos meses del nuevo gobierno, todos los signos económicos apuntan a que 2019 se podría convertir en el peor año para los mexicanos, en décadas.

Y, no, no se trata de una ocurrencia y tampoco de un mal deseo para el gobierno o para los ciudadanos. Sin embargo, las señales son tercas, igual que la realidad.

Por ejemplo, a 48 días del nuevo gobierno, la cifra de desempleados ya supera los 500 mil desocupados, lo que significa perder más del 60% de los empleos creados en todo 2018. Si eso no es una tragedia, entonces ya nada lo es.

Además, bancos y calificadoras son pesimistas sobre el nivel de crecimiento económico estimado para México que, según AMLO, sería de entre 4 y 6 %. Existe alarma en el mundo, más que en México ya que estimaciones amables dicen que el crecimiento no sería mayor a 1% anual.

¿Por qué esa tragedia?

En este caso son tres las variables que más le han pegado a la economía mexicana, a la credibilidad de los “mercados” internacionales y, sobre todo, a los capitales foráneos que están en una peligrosa fuga.

Primero, resulta que todas las expectativas de crecimiento se vinieron al suelo cuando por una pulsión política –una venganza–, el nuevo gobierno decidió tirar la construcción del nuevo aeropuerto.

Segundo, por la crisis de abasto de gasolina, que fue interpretado por el mundo como una maniobra no sólo torpe, sino populista; de esas que asustan a los inversionistas y hacen correr a los negocios no consolidados.

Y el tercer caso es el fracaso de México con inversionistas del sector energético, quienes salieron corriendo del encuentro en Nueva York, luego de un feo ridículo de la delegación mexicana.

Por todo eso, las calificadoras y los bancos estiman el crecimiento económico en no más del 1%, a pesar de que en tiempos de candidato presidencial, López Obrador prometió un crecimiento entre 4 y 6 por ciento anual.

Por eso, los especialistas señalan que si el crecimiento no rebasa un dígito, estaremos –como país, Estado y como economía global–, al borde del colapso. En quiebra.

Y cualquiera que se asome a la realidad podrá detectar que industrias como la automotriz, la del transporte y la construcción –sólo por citar a las más importantes–, ya muestran signos preocupantes de contracción, lo que elevará aún más el número de desempleados, a los que se sumarán miles que serán echados del sector público en los meses por venir.

En ese tema, distintos analistas calculan que la crisis puede ser tal que en la primera mitad de 2019 se habrían perdido todos los empleos que se ganaron en 2018.

Pero no es todo. En los primeros 48 días del gobierno de López Obrador la violencia ha crecido como nunca y –sólo en ese periodo–, se contabilizaron en éste diario, 3 mil muertes violentas; la cifra más alta en la historia moderna en México, a pesar de que el entonces candidato Obrador prometió que desde el primer día de su gobierno bajaría la criminalidad.

Todo eso sin tomar en cuenta la crisis de abasto y carestía que ya es visible en la oferta y la demanda de básicos; la caída en el turismo, las exportaciones y, en general, la economía mexicanas.

Sí, le guste o no a los genios del nuevo gobierno, 2019 podría ser el peor años en décadas.

¿Seremos capaces, como sociedad, de exigir que renuncie el gobierno que nos lleva a esa tragedia?

Se los dije.